martes, 25 de octubre de 2011

Crónica Por Marianela Perren

Elecciones 2011 en Esperanza, Santa Fe

La esperanza es lo último que se pierde

  Una vez más la ciudad de Esperanza, que se encuentra a 40 km de la capital santafecina, se viste para cumplir con su deber electoral. El tintinar de las gotas no impide que el 70% de la población se dirija a las escuelas para ingresar sus votos en aquellas cajas amarronadas e identificadas con un sello que denota autoridad y cierta fidelidad.
  El cielo gris, las calles cubiertas de agua y los paraguas que aguardan ser desplegados para cubrir a sus dueños, dan cuenta de que pronto volverá a llover. La ciudad está tranquila mientras llueve pero una vez que cesa, las personas que retardaban su voto, salen de sus cómodos hogares y se dirigen a la escuela en la que deben votar.
  Una señora de mediana estatura se para frente a las urnas, casualmente delante de ella no hay nadie, abre la cartera, revuelve un poco y saca aquel pequeño libro que la identifica; otra señora, un poco más robusta, le entrega un sobre. Llegó la hora de escabullirse en el cuarto oscuro, llegó la hora de votar. Se dirige allí muy pensativa, una vez más tiene que elegir y no sabe a quién.
  El aula de la Escuela Normal Nº 30 Domingo F. Sarmiento está muy oscura, son muchas las boletas y es mucha la confusión que hay en las personas. “¿Listo para votar?”, “y sí, hay que cumplir, no me queda otra”. Fueron las palabras de dos ciudadanos que conversaban mientras esperaban su turno.
  Es notable que, año a año se disminuyan las ganas de votar, el movimiento de personas que se genera en la ciudad está muy vinculado con el deber más que con el placer.
  Boletas rotas, votos en blanco, incertidumbre, alegría, enojo, intriga es el conjunto de elementos y sensaciones que reflejan todo el proceso decisivo para elegir a una persona, sólo una, aquella privilegiada de ocupar el cargo presidencial.
  Pasan las horas y todo marcha en orden, la ciudad aguarda ansiosa saber quién será el o la que lo represente. Más allá de las quejas y los cometarios que en algún momento demostraron cierto desgano, Esperanza espera y siempre lo hace con la ilusión de que quien ascienda pueda transformar el país y convertirlo en uno mejor. La clave está en el propio nombre de nuestra ciudad; desde la llegada de los primeros colonos la esperanza es lo último que se pierde.






No hay comentarios:

Publicar un comentario